La complejidad del deporte de vela

La complejidad del deporte de vela

A pesar de que estamos en los meses de frío los deportes de agua están a la orden del día, pues es el mejor momento por las condiciones del mar y del viento para poder disfrutar de una manera más extrema de ciertos deportes, como puede ser el wind surf o el surf, que en lugares como Portugal acogen ciertas citas del campeonato mundial de surf.

Si has escuchado esto y has ido directamente a por una manta y una infusión bien calentita, simplemente del frío que te ha dado pensar en meterte al agua en invierno, es porque no eres un apasionado de los deportes de agua, ya que el frío es algo que al rato se deja de sentir (o eso dicen)

Aquí un servidor que se ha criado en aguas del mar Mediterráneo y que está acostumbrado a una temperatura del agua en la que podrías cocer un huevo hervido, sufre con el agua fría tanto como de un arroz pasado, es un amante de los deportes de agua en todas sus variedades. Criarse al lado del mar te hace probar diferentes deportes de agua, ya que no disfrutar de lo que te da la tierra es desperdiciar oportunidades.

Desde bien pequeñito aprendí a navegar con veleros pequeños, algo que desde fuera parece complejo pero que en realidad se simplifica una vez en a manos del timón. Eso si, quitémonos la idea de la cabeza que solo los ricos navegan, existen veleros de muchas clases en los que poder navegar de manera segura, y en todos los casos hay un punto de diversión.

Pero lo que es cierto es que navegar requiere una serie de conocimientos que al principio no son fáciles de entender. En concreto me refiero a cómo navega un velero, algo complejo de explicar y que se explica a través de la física, que es el campo de la ciencia que explica cómo un bote con un mástil y un trozo de tela puede navegar.

Una parte muy importante para saber navegar es saber los nudos con los que atar las velas, y es una de las primeras lecciones que se aprenden. Eso sí, mejor comprar cuerdas de calidad como las que se fabrican por Cuerdas Valero, que arrepentirte de comprar una cuerda barata, ya que en el mar no puedes quedarte tirado.

Quien diría que la física explicaría la navegación

Las velas de un barco se podrían asemejar al motor de un coche, con la diferencia de que a pesar de que su funcionamiento parezca obvio (el aire llena las velas e impulsa la embarcación) hay varios fenómenos físicos que se manifiestan y que hacen su explicación más compleja, pero no por ello difícil.

Muchos sabrán que las velas producen un empuje debido a que en la cara del lado del viento se produce una sobre presión por la fuerza del viento. Otros sabrán que en la cara contraria además, se forma una depresión o lo que es lo mismo, un efecto de succión. Pero lo que resulta curioso, es que esta succión es verdaderamente más importante que el efecto de empuje de presión en la cara al viento.

Debemos entender que el aire está formado por partículas de gas que pesan y por tanto tienen inercia. Las partículas de aire al intentar seguir la forma exterior de la vela curvada y por culpa de la inercia se van separando del perfil, como le ocurre a un coche que toma una curva a demasiada velocidad. En estas zonas se produce una depresión y por tanto una succión. Las partículas de aire tienden a separarse de la vela y por tanto generan un enrarecimiento local. Este ‘vacio’ provoca que el aire de la cara al viento que acaba de llegar al borde de salida tienda a ‘colarse’ en la zona enrarecida, empezando a girar y generando un torbellino.

Este torbellino que se va quedando atrás pero que continuamente es sustituido por otro que se forma en la cara posterior de la vela actúa como si fuera un engranaje de piñones respecto al otro ‘engranaje’ que es la movimiento del aire alrededor de la vela. Actúa como un engranaje debido a las fuerzas de fricción y produciendo una ‘tendencia’ a que el aire de la cara posterior se acelere y la anterior se ralentice. Esta tendencia es ‘muy real’ y es lo que los ingenieros aeronáuticos conocen como ‘circulación’ del ala.

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